Con Nombre Propio: MARINA MASSONE

20 Jul Con Nombre Propio: MARINA MASSONE

JOYERA CONTEMPORANEA Y DISEÑADORA INDUSTRIAL, HACE CINCO AÑOS QUE MARINA MASSONE SE MUDO A SAN ANTONIO DE ARECO, UN PUEBLO A 100 KILOMETROS DE BUENOS AIRES. UN GALPON DE 500 METROS QUE FUSIONA LA VIDA FAMILIAR Y LOS ESPACIOS DE TRABAJO ES EL LUGAR IDEAL PARA UNA FAMILIA TAN CONTEMPORANEA COMO SU OBRA.

Es viernes, son las 10 de la mañana y las calles de San Antonio de Areco tienen todo el movimiento de un día hábil en un pueblo del interior de Buenos Aires. Sabemos a dónde estamos yendo pero por algún motivo no damos con el lugar. General Paz 294 fue la dirección que nos pasó la dueña de casa, pero sin carteles que indiquen los nombres de las calles ni numeración clara, la memoria visual se convierte en el recurso más fiable (que por momentos, no lo es tanto). Tres o cuatro intentos fallidos nos alcanzan para recurrir a un señor que cruza la calle y preguntarle por “El Galpón”. Minutos más tarde estamos paradas frente a la reja azul de la casa en la que Marina Massone vive hace cinco años. “¿Les indicaron como llegar? Acá todos conocen”, dice la joyera mientras baja las escaleras del taller. Antes de ser lo de Massone, El Galpón fue un salón de eventos, y antes de eso fue una sala de exposiciones. Los baños típicos separados por mujeres y varones y los casi 500 metros que tiene el ambiente abierto al que acabamos de entrar, dan fe de ese pasado cercano.

Este galpón es el producto de nuestro proyecto de vida, que es un proyecto de familia”, explica Marina. Y habla en plural porque sabe que aunque todo lleve su firma, su carrera como joyera contemporánea necesitó de un socio como su marido, Martin. Desde la quietud de este taller en Areco, Marina da forma a los diseños que hoy se exponen y comercializan en museos como el MoMa de Nueva York y el de Chicago, el Pérez de Miami o el MAM de San Pablo. El Malba, su lugar y algunas tiendas de diseño ofrecen sus productos en Buenos Aires aunque su gran mercado siempre fue el extranjero. “Cuando miro en perspectiva, veo que finalmente lo que hicimos todos estos años fue armar ésto que hoy tenemos: un taller, una galería y una familia”, reflexiona. Todo eso, en su propio estilo.

“Cuando miro en perspectiva, veo que finalmente lo que hicimos fue armar esto que hoy tenemos: un taller, una galeria y una familia”.

En su primer recuerdo juntos, Marina Massone y Martin Moreno tienen nueve años. Están en la casa de Vicente López en la que ella vive con su mamá y su hermana; sacaron un colchón de su cuarto para tirarse por las escaleras. “Mi papá falleció cuando yo tenía tres años. Cuando yo tenía nueve, mi mamá conoció a un señor divorciado que a su vez tenía dos hijos. Fue ahí cuando conocí a Martín”, dispara Marina. Al lado suyo está Martín Moreno, su marido hace 18 años y responsable comercial del negocio familiar.

En los 23 años que llevan juntos, Marina y Martin explicaron su historia mil veces: como cada uno vivía con su madre y solo convivían en vacaciones o fines de semana, como ellos dos fueron siempre muy compañeros sin por eso sentirse hermanos, como recién a los 20 años decidieron hacerse cargo de lo que les pasaba, como toda la familia estuvo arriba del altar en el día del casamiento… Esas y otras tantas anécdotas ya son parte de su carta de presentación.

Amigos de la infancia, compañeros de trabajo y padres de Juana (16) y Aurora (12), su historia es tan poco convencional como la vida que construyeron juntos. “Nosotros toda la vida nos gustamos, yo sabía que en el momento en que empezara a salir con Martin ya estaba; era para siempre ¡Por eso lo demoré lo más que pude!”, cuenta divertida. Once años de amistad fueron la antesala de una relación que ya tiene 23 años de trayectoria.

Desde la noche en que después de una charla en una fiesta decidieron empezar una relación (sin jamás haberse dado siquiera un beso),muchas cosas cambiaron en la vida de Marina y Martin. Cinco años de noviazgo, un casamiento con todas las letras, la llegada de Juana y Aurora, la compra de su primer departamento en Belgrano y su casa de fin de semana en Baradero, fueron parte de la primera etapa de la familia Moreno. Diseñadora industrial y entonces socia de un estudio, los primeros pasos de Marina en la joyería coinciden con el final de esa etapa. “Durante mi primer embarazo sentí que necesitaba bajar un cambio y hacer algo distinto. Ahí fue cuando me anoté en el primer curso de joyería”, cuenta.

Durante mi primer embarazo sentí que necesitaba bajar un cambio y hacer algo distinto. Ahí fue cuando me anoté en el primer curso de joyería”.

Nueve meses de aprendizaje fueron suficientes, su primera colección se expuso en ArteBa y enseguida fue un éxito. El segundo embarazo, la llegada de Aurora y su entrada al mercado internacional fueron parte del combo que terminó en la decisión de cambiar de vida. “Nosotros dos nos casamos porque la pasábamos bien juntos. Y en algún momento del camino nos encontramos metidos en una locura en la que los dos trabajábamos todo el día afuera y -con suerte- nos encontrábamos dos horas antes de irnos a la cama”, cuenta. Un día dije: ‘Basta, esto no va más’. Lo esperé sentada en el living y le dije: ‘¿Qué vamos a hacer con nosotros?’”, cuenta. La respuesta a esa pregunta fue la decisión de mudarse a Baradero y alquilar una antigua pulpería abandonada.

Club Social El Torito era el nombre de la pulpería que quedaba al lado de su casa. Bar de pueblo, almacén, centro de reuniones y club, la idea de los Moreno de volver el lugar a la vida enseguida tuvo éxito. “Fue todo una locura: venían turistas y gente del lugar. Yo siempre seguí con mi trabajo en joyería pero me he llegado a encontrar cortando fiambre detrás del mostrador”, cuenta divertida. “En ese momento pensaba: ‘¿Qué estoy haciendo de mi vida? Me van a crecer trenzas’ Lo que me pasaba era que no terminaba de entender que eso no era definitivo, era solo un momento”, reflexiona. El taller en San Antonio de Areco, un pueblo a 110 kilómetros de Buenos Aires, fue la siguiente escala de los Moreno. “Los primeros años que tuve mi taller en Areco, era un lugar chiquito. Nosotros seguimos viviendo en nuestra casa de allá”, cuenta.

La idea del galpón fue algo que surgió de nuestra necesidad: queríamos un lugar de trabajo en el que además pudiéramos hacer base sin tener que ir y venir. No buscábamos una casa”.

El colegio de sus hijas y la vida repartida entre los dos pueblos se sostuvo durante un tiempo, y llegó a su fin cuando encontraron el lugar en el que hoy viven. “La idea del galpón fue algo que surgió de nuestra necesidad: queríamos un lugar de trabajo en el que además pudiéramos hacer base sin tener que ir y venir. No buscábamos una casa porque eso lo tenemos allá”, cuenta Marina. Sin embargo, el plan resultó tanto que sus idas a Baradero son cada vez son más esporádicas. Espacio ideal para sus necesidades, en la planta baja las vitrinas con piezas de exposición, cuadros y objetos de cerámica conviven con un living de muebles clásicos y un comedor.

Un altillo abierto balconea al living y sostiene el taller de la joyera, el escritorio de su marido y la carpa en la que hace unos meses armó su cuarto su hija menor. Una cocina de tinte industrial, un patio cerrado, su cuarto y el de Juana, completan la casa-taller-galería. “A veces, Juana se queja y me dice que le gustaría mudarse a una casa con un hall de distribución y espacios separados. La realidad es que si yo hubiera elegido tener el taller aparte, a mis hijas casi no las hubiera visto”, afirma.

A veces, Juana se queja y me dice que le gustaría mudarse a una casa con un hall de distribución y espacios separados. La realidad es que si yo hubiera elegido tener el taller aparte, a mis hijas casi no las hubiera visto

“Este fue el modoque nosotros encontramos, el que funcionó por nuestras necesidades. Igualmente yo creo que en un futuro todo va a ser asi, la gente va a vivir y trabajar en el mismo lugar”, reflexiona. “Cuando uno trabaja con algo como lo mío, es muy difícil separar”, explica Massone. “Mis piezas son producto de mi experiencia, de mi historia, de lo vivido… Es todo muy afín a mi”, asegura. Joyera contemporánea y oda a la contemporaenidad en más de un sentido lo suyo no son los modelos impuestos. Basta ver su obra y su casa para comprenderlo.

” Mis piezas son producto de mi experiencia, de mi historia, de lo vivido… Es todo muy afín a mi “