Con Nombre Propio: Martín Bustamante

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26 Sep Con Nombre Propio: Martín Bustamante

DIRECTOR DE ARTE, ARTESANO Y ORFEBRE, CUESTA DEFINIR A MARTÍN BUSTAMANTE EN UNA SOLA CATEGORÍA. PERSONALIDAD DETRÁS DE FACÓN -UN ESPACIO DEDICADO AL DISEÑO Y LOS VINOS ARGENTINOS- EN SU PH DE VILLA CRESPO, LO LOCAL Y LO GLOBAL SE COMBINAN EN UNA ESTÉTICA TAN CONTEMPORÁNEA COMO PERSONAL.

“Si se quedan un día más, voy a llevarlos a un lugar al que no llega nadie”. La invitación de Paco Díaz sonaba como el mejor final para el fin de semana maratónico de Martín en Catamarca. Cuando un artesano del pueblo de Belén promete llevarte a un lugar único, hay dos cosas que quedan en claro: la primera, que ese lugar es tan increíble que incluso a él -que ya naturalizó todo lo que a uno lo asombra- lo maravilla; la segunda, que ya hay un cierto vínculo de amistad o confianza con quien te invita, uno que amerita esa visita a “La Angostura”. Seis horas de caminos de puna separan el pueblo en el que Martín paraba hace dos días de la comunidad aborigen a la que Paco los llevó. De esa primera visita a La Angostura, data la silla que Martín ubicó abajo de la escalera del living: una de las tantas cosas que eligió para traerse a Buenos Aires en la caja de su camioneta. El viaje por el altiplano junto a Paco es solo una de las tantas anécdotas que rodean al armado de Facón, el proyecto que hace ocho meses tiene toda la atención de Bustamante.

Me cuesta identificar el momento en que empecé a pensar en la idea de Facón. Por lo general estos proyectos se van dando orgánicamente”, reflexiona. Lo dice mientras toma un mate en la barra del PH de Villa Crespo en el que vive hace 5 años. La mano que lo sostiene, tiene tatuada una palmera en el dedo índice y dos anillos de plata en el anular y el menor; nada que uno vaya a asociar con la cultura gaucha, los viajes por el interior y las fiestas regionales que tanto le gustan. “Me interesa mucho el folclore que hay detrás de todo eso. Hay un tema cultural ahí que me fascina”, cuenta. Director de arte, fotógrafo, pintor, escultor y orfebre, definir a Martín Bustamante en una única categoría es una tarea complicada a la que renunciamos después de un rato de charla. Del cine experimental al publicitario pasando por el diseño de papelería y escenografía, lo suyo es un particular balance entre trabajo y arte que tiene a la inquietud como gran motor. Artesano y esteta innato, parte de su talento está en la capacidad de detectar la belleza en las cosas y recrearla en distintas escalas.

HOMBRE DE MUNDOS. En el living de lo de Martín Bustamante hay una cómoda blanca que sostiene diez o quince estatuas coloridas. Hay varias cosas que sobresalen en el ambiente de pisos y paredes blancas, pero lo primero que atrapa al que entra es el particular altar en el que conviven Mao Tse-tung, el Gauchito Gil, un par de dinosaurios, trolls y velas de colores. “Prendí unas velas para ustedes”, asegura Martín. Lo dice con humor, confirmando que el sincretismo y el sentido estético son los únicos valores detrás del compilado de miniaturas. De la fiesta de la Alasita en Villa Soldati, a los locales del Chinatown de Nueva York, lo local y lo global conviven en la experiencia de Bustamante y se reflejan en su espacio y su lenguage. Aunque en Facón se vean de manera más evidentes los viajes por el norte que los paseos por Manhattan, todo fue parte de ese recorrido -más intuitivo que consciente- que lo llevó a construir este espacio dedicado al diseño y los vinos argentinos.

“ Me interesa el folclore que hay detrás de las costumbres y fiestas. Hay un tema cultural ahí que me fascina

Mi viejo es un abogado de alma gaucha, muy interesado por la cultura argentina. Es un tipo muy culto que sabe muchísimo de cine, fotografía y arte”, cuenta. A él le debe muchos de los viajes en auto por el país y ese interés por las costumbres. De su madre –que tuvo una casa de decoración y café durante casi una década- heredó la inquietud por el diseño y la cocina, una de las habilidades que aprendió sin tomar clases con nadie (pero en más de una oportunidad lo tuvo al frente de una cocina profesional). Durante el tiempo que duró su carrera de dirección de arte en una escuela de creativos publicitarios, Martín se formó también en escultura, pintura, fotografía y cerámica. “Estando ahí –que no te tomaban un final, ni te daban un título universitario- me di cuenta de que ahí lo que me daban era solamente una base. Mi formación o preparación iba a depender en gran medida de mí”, asegura. La idea de irse a Nueva York con su entonces novia, y hacer un curso de escultura en el School of Visual Arts también tuvo que ver con esa búsqueda. “Nos fuimos con la idea de ir un tiempo, a estudiar y ver qué pasaba”, cuenta. Una amistad con un chef sanjuanino (al que además le diseñó las tazas y papelería de su café), varios trabajos en diseño gráfico para restaurants y una primera incursión en el cine experimental, fueron algunas de las posibilidades que se dieron estando allá. “Surgieron varios trabajos que me interesaban y me daban guita (que no era algo menor). De ese año allá me llevo muy buenas amistades y esa satisfacción que significa el llegar a un lugar como New York con un bolsito y sin un título, y lograr laburar en lo tuyo”, cuenta.

CAMINANTE NO HAY CAMINO. La representación de un festival internacional de cortos en Argentina, la dirección de arte en varios proyectos de cine publicitario e independiente y la producción de obra como artista de la galería Gachi Prieto son algunos de los proyectos que salen a la luz cuando Martín intenta reconstruir su recorrido en los últimos años. “Me parece que cuando uno hace algo como lo mío, el camino no es tan obvio ni claro. Hay mucho que nace de la inquietud y de los proyectos en los que uno se va metiendo”, reflexiona. “A veces un proyecto personal dispara alguna técnica que después se convierte en una herramienta. Mucho del laburo de electricidad del local lo hice yo, porque me doy maña y me gusta. Son años de montaje”, asegura. La decisión de irse con una novia a Londres e inscribirse en un curso de escenografía en la prestigiosa Central Saint Martins y trabajar en el diseño de una obra de teatro allá fue parte del recorrido en estos últimos años. “Creo que el hecho de viajar tuvo bastante que ver con la idea de Facón. El estar lejos te ayuda a tomar perspectiva y a ver otras cosas y propuestas parecidas a lo que quiero hacer acá”, asegura.

 Para alguien que está acostumbrado a hacer dirección de arte, crear un ambiente o estética es un trabajo diario. “Mi laburo durante años, fue justamente éste: armar un ambiente con una propuesta estética para un rodaje. Llegó un momento que todo ese esfuerzo de producción y estrés puesto en función de algo tan efímero como es un set (que dura un horas y se desarma), me empezó a cansar”, reflexiona. Eso y los clásicos desacuerdos con clientes, fueron el indicador de una necesidad de cambio. “Igualmente fue un proceso gradual, éstas no son cosas que uno decida de un día para el otro.
“ Me parece que cuando uno hace algo como lo mío, el camino no es tan obvio ni claro. Hay mucho que nace de la inquietud y de los proyectos en los que uno se va metiendo

“Lo que me empezó a pasar fue que en un momento me encontré con que había cosas que ya no me cerraban tanto, mientras que había otras cosas que me interesaban o entusiasmaban mucho más”, reflexiona. “Facón tuvo mucho de eso y una cuota grande de jugármela también. Porque embarcarme en esto implicaba toda una inversión, y mil cosas más”, asegura. Las recorridas federales en busca de artesanos y proveedores, la selección y curaduría y el armado de la bodega, además del acuerdo con cada una de las marcas, son parte de ese trabajo que Martín emprendió en enero.

Hay algo que una vez me dijeron y me quedó en la cabeza: en el campo argentino, se encuentra vajilla inglesa, asegura Martín. “No lo digo condenando, sino como algo que es así porque se dio de determinada manera. Cuando uno ve al colombiano o mejicano, se da cuenta de que son mucho más orgullosos de lo suyo: en cualquier casa hay cerámicas o bordados alucinantes”, asegura. La alfombra santiagueña de su living, las sillas de madera del living, las ollas de barro y los platos de cerámica en los que cocina y sirve el almuerzo, son parte de ese producto que Martín busca poner en valor en su espacio. Balanceado y contemporáneo, el diseño de su propia casa sirve para derribar prejuicios. Que sea él el responsable de hacer ese recorte de lo autóctono o lo propio, es lo más cercano a una garantía para el éxito de Facón:Me gusta pensar que tenemos un camino por recorrer en ese sentido: hay mucho de lo que se hace acá que no se conoce y mucho que ya nos cansamos de ver”. 

“ Me gusta pensar que tenemos un camino por recorrer en ese sentido: hay mucho de lo que se hace acá que no se conoce y mucho que ya nos cansamos de ver

TEXTO: LUCÍA BENEGAS – FOTOS: MARIA EUGENIA DANERI