Carola Salomon y Luciano Ianulli

LUCHO Y CAROLA SE CONOCIERON CUANDO ESTABAN EN SECUNDARIA. PRIMERO FUERON AMIGOS, DESPUES NOVIOS, SOCIOS Y PADRES; CREARON JUNTOS UN PROYECTO, CONSTRUYERON UNA CASA Y FORMARON UNA FAMILIA QUE VISITAMOS EN LAS VÍSPERAS DE NUESTRO SEGUNDO ANIVERSARIO.
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TEXTO: LUCÍA BENEGAS – FOTOS: MARIA EUGENIA DANERI

Luciano Ianulli tardó cuatro meses en hacer el piso de madera del living de su casa. Según él, era un trabajo que tranquilamente se podría haber hecho en dos días, de no ser porque mientras trabajaba, cumplía con los pedidos de sus clientes y criaba una beba de menos de un año. Mirando la perfección de los tablones de madera y las terminaciones, cuatro meses de trabajo no suenan a tanto. “¡Es muchísimo! Lo que pasa es que avanzaba en el hueco que tenía, y después también me obsesioné y empecé a entrar en detalles como elegir las tablas en función de los muebles, pensar las juntas o buscar el modo de aprovechar cada centímetro de madera”, dice Luciano. Ese nivel de detalle obsesivo es el mismo que aplica hace diez años a Broca, la marca de muebles de diseño que tienen con Carola Salomón. Lucho y Carola se conocieron hace 15 años, cuando los dos iban a secundaria y él era amigo de los compañeros de ella. Después se hicieron amigos, más tarde novios, después socios, concubinos, padres y acá estamos: en la casa que hicieron con su esfuerzo y manos y los méritos de Broca, su negocio conjunto. Se mudaron acá hace un año y medio, un tiempo después de que naciera Vera, su hija que ya cumplió 3. “Tenemos una de esas historias de abuelos, que ya no se escuchan: los novios de la adolescencia que crecen y tienen hijos”, dice Carola riéndose. Desde que se conocieron a hoy, ella pasó por la facultad de cine, de diseño gráfico y de gastronomía (y se recibió de las tres); trabajó en publicidad, fue pastelera en Sucre y dejó las dos cosas para dedicarse a tiempo completo a los muebles. Por su parte, Lucho estudió batería, dio clases y trabajó en un vivero, hasta que descubrió su talento para trabajar la madera. Las sillas, la mesa del comedor, el sillón, los pisos y ventanas de su casa son la prueba de ese talento que funciona tan bien cuando se encuentra con el de ella. Perfeccionistas, meticulosos y dueños de un ojo que arrastra tradición, en ambos casos, Lucho y Carola dan un poco esa impresión de pareja perfecta pero verdadera, en la que los acuerdos y desacuerdos están en la proporción indicada como para generar algo interesante.

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El primer mueble firmado por Broca no fue una de las sillas nórdicas de roble que tienen en el comedor, ni el sillón de cuero y hierro por el que preguntamos apenas entramos al living; lo primero que hicieron juntos fue una restauración de un mueble que habían comprado en un remate y quedó tan bien que en dos minutos se vendió. ¿Por qué una cineasta y un músico de 22 años eligen ponerse a restaurar muebles en vez de probar con una productora, una agencia o un restaurant? La respuesta no es tan obvia ni evidente, pero una parte parece venir de las historias familiares de los dos, directamente vinculadas a la producción y el diseño de muebles. “Mi mamá es arquitecta y toda su familia está vinculada hace varias generaciones al diseño. Tengo primos, tíos y abuelos, diseñadores que se dedicaron a eso”, cuenta ella. Su mamá no es otra que Graciela Churba, la arquitecta y diseñadora de alfombras e integrante de una de las familias más importantes en el diseño contemporáneo argentino. Mentora de Broca primero y socia de local durante casi una década, Graciela fue un punto determinante para ellos ya que su decisión de poner los muebles entre sus alfombras funcionó como la primera vidriera que les abrió un mercado más que interesante.

“  Tenemos una de esas historias de abuelos, que ya no se escuchan: los novios de la adolescencia que crecen y tienen hijos “
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En el caso de Lucho, el vínculo con los muebles tiene más que ver con el trabajo artesanal que su abuelo hacía en su carpintería, de él heredó la habilidad para maniobrar la madera y varias de sus primeras herramientas. “Creo que el tema de los muebles surgió un poco por lucho: en un momento en que trabajaba en el vivero de su viejo y no sabía muy bien para donde ir con toda la música y demás”, reflexiona Carola. “Empezamos haciéndolo los fines de semana, en la casa de mi familia, en Benavidez. Después nos dimos cuenta de que nos gustaba y, evidentemente, lo hacíamos bastante bien, con lo cual empezó a crecer”, se acuerda él. El salto importante llegó cuando se encontraron con que la demanda era bastante y el mundillo de la compra de muebles agotador: “Ese trabajo de seleccionar los muebles que íbamos a trabajar entre tantos y el ejercicio de desarmar o encolarlos, fue un aprendizaje enorme pero justamente eso fue lo que nos animó a probar hacerlos de cero. Lo hicimos con algunos de nuestros diseños insignia y salieron muy bien y ahí fue que empezamos a fabricar”, cuentan.

“ ¡A veces abusamos de esa confianza de pareja y nos matamos! nos decimos cosas que no le dirías a un socio o empleado 

A nosotros trabajar juntos nos resulta bien, pero creo que más que nada porque tenemos personalidades muy complementarias. Eso hace que funcionemos bien en la vida y como socios”, reflexiona Carola. “También nos pasa que a veces abusamos de esa confianza de pareja y nos matamos: nos decimos cosas que no le dirías a un socio o empleado”, confiesa él. “¡Totalmente!, porque además todo se mezcla con todo y las cosas que te molestan en tu casa son las mismas que te recriminás en el trabajo”, se ríen. Estamos en la cocina, donde Caro y Vera preparan una torta de manzanas. “El año pasado dio clases de cocina para chicos acá en casa, en un momento llegaron a ser como 10”, cuenta él cuando comentamos lo dominada que tienen la cocina juntas.

“ Es gracioso porque yo siempre odié los lugares comunes y los mandatos, y hoy me doy cuenta de que caí en todos 
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La llegada de Vera después de 12 años juntos fue todo un cambio para la empresa y la pareja, que coincidió además con la obra y mudanza de Núñez a Vicente López. “Vera fue re planeada pero obviamente que fue un cambio. Me doy cuenta más que nada por como volvimos a plantearnos un montón de cambios hoy que ella ya tiene tres”, reflexiona. “Es gracioso porque yo siempre odié los lugares comunes y los mandatos, y hoy me doy cuenta de que caí en todos: el novio de toda adolescencia, la hija a los treinta… ¡Cumplo todos los estereotipos!”, dice riéndose. Igual que en los muebles que aprendieron a hacer a prueba y error, observando y corrigiendo hasta dar con el punto buscado, a veces no se trata de inventar cosas nuevas sino de hacer a nuestro modo eso que funcionaba y estaba bien.

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