Con Nombre Propio: PATO LIX Y CELESTE BERNARDINI

22 Ago Con Nombre Propio: PATO LIX Y CELESTE BERNARDINI

DISEÑADORES INDUSTRIALES, SOCIOS Y PAREJA, PATRICIO LIX Y CELESTE BERNARDINI SON LA DUPLA DETRAS DE LA FELIZ. MUEBLES DE DISEÑO, OBRAS DE ARTE Y ARQUITECTURA CONTEMPORANEA SON LAS CLAVES DEL ESTILO EN SU DEPARTAMENTO EN VILLA ORTUZAR.

Una lámpara de chapa cuelga sobre el mueble de la cocina de Patricio Lix y Celeste Bernardini. Se llama Grisín y es uno de los últimos éxitos de la Feliz, la empresa de diseño que Lix fundó hace once años y hoy dirigen juntos. Moderno y minimalista, el grisín es el botón que sirve de muestra para entender las bases sobre las que se construye La Feliz. “Hasta hace algunos años, la cocina era un lugar oculto de la casa; un lugar al que casi no entraba el dueño de casa. Los cambios en las costumbres, en el costo de vida, el gusto por la gastronomía, fueron algunos de los factores que contribuyeron a que la cocina dejara de ser un espacio que no se usa para pasar a ocupar un lugar mucho más central. Un día las paredes se tiraron abajo, la cocina se integró y empezamos a hablar del comedor-cocina. Lo que pasaba era que cuando uno buscaba lámparas para ese lugar lo único que te ofrecían eran artefactos espantosos que cumplían la función pero no tenían una propuesta decorativa”, explica Lix. En el marco de su propia experiencia (de esa obra del edificio de la que participaron tanto como los dejaron), nació uno de los modelos que hoy más venden. “Si lo pensás, nosotros no inventamos nada: la chapa ya existía, el led también… El gran mérito del grisín está en que encontró su momento histórico”, reflexiona. En esa capacidad de entender la vida contemporánea con sus necesidades y exigencias está la clave del éxito de su casa y de su empresa, dos realidades que a veces están tan unidas que cuesta trazar una línea que las separe.

DUPLA CREATIVA. Extrovertido él, reservada ella; desorganizado él, impecable ella; mandado él, responsable ella. Pareja hace 12 años, socios hace 10 y padres hace 5 meses, el caso de Lix y Bernardini es uno de esos afortunados en los que creatividad y amor van de la mano. “Nos conocimos trabajando en Tramando. Él era el diseñador y yo era su asistente”, cuenta Celeste. “Yo la elegí para que viniera a trabajar conmigo porque veía que entre todas las personas que trabajaban ahí, era la que mejor entendía mi producto”, asegura él. Estudiante de diseño industrial y vendedora recién incorporada a las filas de Tramando, la marca de diseño de su cuñado Martín Churba, Celeste empezó a trabajar y entenderse laboralmente con Pato antes de tener ningún tipo de relación. “Me acuerdo que le pregunté si le interesaba venir conmigo y ella enseguida aceptó. ¿Estaba ya enamorada de mi? Nunca lo sabremos”, dispara. Asistente primero, mano derecha después, la dupla Lix-Bernardini enseguida demostró ser un acierto que -en el plano personal- implicó un poco más de esfuerzo de parte de Lix. “La tuve que remar: Cele no me hablaba de nada que no fuera exclusivamente laboral, era imposible. La primera vez que pude tener una buena charla fue un día que fuimos a ver a un proveedor en Boedo y cuando llegamos el tipo había cerrado para almorzar”, recuerda.

“ Yo la elegí para que viniera a trabajar conmigo porque veía que entre todas las personas que trabajaban ahí, era la que mejor entendía mi producto ”
Ese almuerzo empujado por la situación fue el punto de partida de una relación que ya lleva 12 primaveras: “En ese momento entendí algo fundamental: si quería conquistarla, tenía que empezar por poner buen morfi en la mesa”, asegura Lix. Cocinero aficionado desde la adolescencia, la consigna no implicó una dificultad para el. “Ella va a negarlo porque siempre lo hace, pero yo insisto con que la primera vez que me dijo ‘te amo’ fue después de probar un guiso ique le había cocinado en una calabaza. Fue un fin de semana que nos habíamos escapado juntos al campo, estábamos recién arrancando a salir y yo no tenía aprobación de su hermano, ¡todo un culebrón! En esta situación yo le cocino ese guiso increíble y cuando lo prueba me dice: ‘te amo’. ¡Le salió del alma!”, cuenta divertido. “¡Eso es una mentira total! No tiene sentido ese cuento”, contesta ella.
Declaración de amor o no, desde ese momento la vida laboral y personal de Lix y Bernardini pasaron a ser una misma cosa. Colegas y socios, a excepción de los dos primeros años de La Feliz -momento en que por mutuo acuerdo Celeste mantuvo la dirección de la línea de objetos de Tramando– la dinámica de trabajo de la pareja siempre acompañó perfectamente al plano personal. “Nosotros tenemos algo que nos hace ideales para trabajar juntos: el tiene una cosa muy creativa, que yo no tengo -que lo hace muy caótico y desorganizado también- y yo tengo una cosa muy organizada y eficiente que también es necesaria”, explica ella. Que juntos hayan logrado construir una empresa que ya supera la década (en un escenario tan complejo como el del diseño argentino) da la pauta de que efectivamente es así.
SER CONTEMPORÁNEO A UNO “El momento en que te vas de tu casa es el momento en el que tomás una decisión: o te llevás los muebles de tu abuela y tu vieja y vivís como lo hacían en 1930 o te llevás un colchón al piso y empezás a comprar de a poquito cosas que tengan más que ver con vos”, reflexiona Lix. En su caso, ese momento fue a los 29 años, cuando se fue de la casa paterna a un departamento “del tamaño de su cuarto” con Celeste. En el caso de ella, el despegue no fue en Buenos Aires sino en Montreal, a donde se fue después de dejar la Facultad de Económicas. “Me fui después de dejar economía con la idea de laburar seis meses, el tema fue que estando allá conocí a un chico con el que me puse de novia: me quedé tres años”, cuenta. La vuelta de esa experiencia canadiense fue el momento en que se decidió a estudiar diseño industrial en la UP. Cuñada de Martín Churba, el trabajo en Tramando apuntaba a ser algo transitorio que enseguida cambió de dirección con el pedido de Pato y su posterior salida de la empresa.
“ El momento en que te vas de tu casa es el momento en el que tomás una decisión: o te llevás los muebles de tu abuela y tu vieja y vivís como lo hacían en 1930 o te llevás un colchón al piso y empezás a comprar de a poquito cosas que tengan más que ver con vos ”

“Mi decisión de abrirme se dio por una necesidad mía: yo sentía que ya había aprendido todo lo que podía aprender ahí, era el momento de armar mi historia”, cuenta Lix. “Me acuerdo de verlo a Pato muy compenetrado durante todo ese verano. Se pasaba horas en la computadora y tejiendo el mimbre en su cuarto”, agrega ella. “Estaba obsesionado con lograr una estructura auto-portante de mimbre, que fue lo que finalmente hicimos con Federico Churba en esa primera línea de La Feliz”, recuerda. En un guiño a Mar del Plata y su movimiento de muebles de mimbre en los ‘60 pusieron a esa colección de lámparas el nombre que hoy lleva el estudio de la pareja. “Lo que hicimos fue groso, fueron unas 10 mil lámparas que se vendieron muchísimo. Después Fede siguió para otro lado y yo quedé solo, con el local en Palermo. ¡Un vértigo!”, recuerda. “Hasta que entró Cele a trabajar conmigo yo estaba muy estresado todo el tiempo: eran muchos frentes y yo soy muy desorganizado. Igualmente, siempre digo que hasta que no estuvo, yo no me daba cuenta de cuánto la necesitaba. Yo siempre quería que venga conmigo por una cuestión más romántica”, asegura Lix. “A mi me costaba horrores pensar en mantenernos sin ningún ingreso fijo de ninguno de los dos. Yo no soy lanzada como él, soy súper responsable, yo pensaba que en ese momento yo era la que tenía que traer el fijo”, cuenta Celeste. “Nosotros siempre funcionamos así: cada uno haciendo lo suyo y tirando para el mismo lado”, reflexiona.

UNA FAMILIA, UNA EMPRESA. Bajando la cantidad de horas primero, manteniendo el trabajo desde afuera después, la entrada de Bernardini en La Feliz fue gradual y decisiva para el crecimiento del proyecto familiar. Que pudieran comprar el departamento en el que viven gracias a la llegada de un cliente muy importante (que los hizo trabajar hasta altas horas de la noche durante meses) o que decidieran ampliar la oferta a muebles (cuando solo hacían lámparas) cuando ellos mismos tuvieron que amoblar el nuevo espacio, son algunos de los incontables cruces entre la empresa y la familia Lix. “La mayoría de los productos de la Felíz nacen a partir de nuestras necesidades y experiencias, cualquiera que nos conoce se da cuenta”, reflexiona Celeste. Ver el moisés que ella misma hizo para su hijo, Río, sirve para entender la naturalidad con la que se da ese proceso. “Yo creo que deberíamos entrar en el mundo babies & kids”, dispara Patricio.

“ Es muy raro porque de repente, me encuentro a mi misma en un lugar en el que jamás estuve ni me hubiera imaginado estar, de no ser por Río. Es muy loco llegar a La Feliz y ver que los temas pasan derecho ”

“Es muy raro porque de repente, me encuentro a mi misma en un lugar en el que jamás estuve ni me hubiera imaginado estar, de no ser por Río. Es muy loco llegar a La Feliz y ver los temas pasar derecho”, cuenta Celeste. Aunque su reincorporación fue bastante inmediata, su horario de trabajo se redujo a las 4 horas que puede dejar al bebe sin que sea un problema. “La realidad es que Cele llega al estudio y en dos minutos organiza mil cosas que nadie podía hacer. Después el resto se arregla”, cuenta él. Cuando una pareja lleva doce años viviendo y trabajando juntos, la llegada de un hijo es todo un cambio. “Nosotros pasamos muchísimos años solos en los que crecimos y disfrutamos mucho. Obviamente que hay cosas que cuestan, pero también es lindísimo”, reflexiona Bernardini. Los móviles, cochecitos y mordillos filtrados entre los muebles de diseño y obras de arte son casi una metáfora del cambio; el primero de otros miles que vendrán.”